Volver a Cuentos

Larga Distancia

 

 

Por MARCELO MÜLLER

-¿El Sr Bolas de Niño?
-¡Dejeme en paz!
-Boliños, no se resista a la llamada.
-¡No la acepto!
-No puede, Sr Bolas de Niño.
-¡No soy Bolas de Niño! ¡Sigan llamando! ¡Prueben a otro!
-¿¡Qué hacés, gay?!
-Bien.
-¡Eh! ¿Qué te pasa?
-Vos sabés lo que me pasa.
-Arriba ese ánimo. Parecés un muerto.
-Es posible, sí. Yo soy el muerto.
-Hace un año que no hablamos y ¿me tratás así?
-Un año, sí.
-Cómo pasa el tiempo....La fiesta parece que empezó anoche.
-¿Con quién estuviste?
-Calígula, un tipo muy amable, un caballero, no entiendo esa fama que le hicieron; San Agustín, un degenerado en bolas por todo el salón amarillo. Acá son todos así. A nadie le importa nada de nadie.
-Me acosté con tu amiga Evelin.
-No me provoques. ¿Querés que te atraiga?
-Mejor yo me quemo la cabe...za así con querosén.
-¿Bolitos?
-¿Mmmmmsí?
-¿Estás bien? ¿Te duele?
-Cuando me río.
-Hablame de algo.
-No me gusta hablar, puta.
-A mí sí. ¿Inventaron alguna bomba? ¿Una vacuna? Sólo me permiten hablar con vos y no contás nada.
-Llamá a otro. Tenías otros novios.
-Te prefiero.
-¿Y si te digo que tengo una novia? ¿Que me gusta que me cojan? ¿Igual vas a llamarme? ¿No te importa?
-Evelin es una mina macanuda pero muy puta. No se te ocurra enamorarte porque la vas a pasar muy mal.
-Te voy a dejar enganchada en la línea y a prender fuego a esta zona. A ver qué pasa.
-Por qué no te resignás a hablar un poquito conmigo y chau. No te llamo todos los días.
-Seguí hablando que yo quemo todo.
-¿El Señor Bolas de Niño? Un minuto le van a hablar.
-¡No me llamo Bolas de Niño! ¡Soy Armando!
-Bolitas, no puede escapar a las llamadas. El teléfono sonará adónde vaya. ¿Cuánto tiempo puede vivir con el sonido de todos los teléfonos del mundo llamándolo al mismo tiempo? ¿Cuánto puede agüantar sabiendo que es a ud., Bolitos, a quién llaman?
-¡Esta vez soportaré!
-Contame algo.
-No me molesta recordarte. Lo que me enferma es estar comunicado con ese lado. Una sensación muy fea.
-Qué fiesta. Fue en la casa de Calígula. La gente estaba loca.
-No me interesa saber quiénes te garcharon y lo que te metieron en el orto.
-Estaba Santo Tomás, Gandhi, Nerón, Adolfo, Cristo. Acá todos se abrazan y se besan. Al final todo se olvida. Si conocés a alguien te dejan entrar. En el fondo son todos unos hijos de puta. Enseguida ves lo que llevan adentro. O te quedás afuera, caminando sin ningún lugar adónde ir.
-No quiero oir tu teoría política del Cielo.
-Dejame terminar la llamada, sabés que es inevitable. En el infierno también hay teléfonos.
-¿Querés que me mate?
-Te extraño.
-Si el tiempo ahí pasa tan rápido, dormí una siesta y estoy allá.
-Pero pienso mucho en vos.
-Jodete. Siempre te gustó la muerte.
-Ese forro manejaba el auto.
-Fue como si vos lo guiaras.
-Yo no quería morir con él.
-Siempre hablando de tu infancia y de tus perros muertos. Ahora sé feliz.
-El idiota ni me saluda. Me ve la calle y cruza.
-¿Y si quemo tus fotos? ¿Si prendo fuego a tus cartas, tus boludeces y tus cositas? Si te incendio el cuerpo, ¿se cortará la línea?
-Bolas de Azufre....una llamada de larga distancia.
-Pásela.
-¿Por qué hiciste eso? Estoy muerta. Esas cosas eran lo único que te quedaba de mí.
-Entonces dejame vivir en paz.
-Pero te quiero.
-¿Querés que vaya ahí y le prenda fuego a tu cielo de mierda?
-Sí.
-Está bien. Nunca más voy a atender el teléfono; no me voy a esconder; solamente me sentaré al lado de un teléfono y dejaré que suene. Nunca más vas a hablar conmigo.
-¿Y si te hablo del sabor de la luz?
.¿Oiste lo que te dije?
-Esperá, calmate.
-Voy a cortar.
-¿Boliños?
-Chau.
ruidos de estética lejana.

1991