Por MARCELO MÜLLER
El aire se depositaba
sobre los cuerpos. Las tetas de la chica subían y bajaban,
nerviosos. En alguna parte, cerca, estaba su novio.
-¿Qué hacemos?
-Quedémonos inmóviles.
Golpeaban muy violentamente. Desde la recepción también
llamaban por teléfono.
-Pero tenemos que decir algo.
-Mañana nos vamos tranquilos. Cuando se olviden...
-YO NO ME VOY A IR TRANQUILA!
-¿Querés que empiece de nuevo?
Había vidrio picado en la cama. Había roto el espejo
del techo. Había roto todos los espejos, el lavatorio, tiró
de las canillas y arrancó los caños de la pared, rompió
toda la habitación. En la tele siguen pasando la misma porno.
A un hombre lo obligan a ver la violación de su mujer mientras
una enmascarada lo excita. Así empezó la pelea. Le dijo
que se había calentado mirando la película. Para probar
que no rompió la habitación. Ella estaba cubierta de
polvo y de vidrio.
Ahora, después de la violación, la pareja hacía
el amor. Le preguntaba si quería que llamara a la policía
y decía mmmñnuo.
Los cambios de escenas los coloreaban de maneras diferentes:
-Apagala.
-Quiero que veas que estabas equivocada.
Su calentura ahora era un pellejo.
Seguían golpeando la puerta. ¿Cómo podía
irse?
-Vamos a dormir abrazaditos.
Él pensaba que si dormían iban a despertar en una habitación
intacta. En alguna parte su pensamiento se ladeaba hacia un lugar
dónde no podía alcanzarlo. Cuando empezó a joderlo
con que se le había parado, su pensamiento se torció
hacia el baño. Enseguida lo oyó romper el espejo y tiraba
de las canillas hasta que arrancaba los caños de la pared y
salió a romper lo otro. Cuando terminó, lo vio aparecer
cubierto de sangre.
Atendió el teléfono:
-¿Qué pasó, nena? ¿Estás bien?
-Sí, sí. No fue nada. Se le cayó una silla.
-¿Una silla?
-Sí.
-¡Voy a ir a mirar!..
-No, no. Estoy bien.
Cortó. Dejaron de golpear la puerta.
-Durmamonos abrazaditos.
-Oime, idiota, rompé todo de nuevo, yo me voy.
Empezó a vestirse, asustada.
Pero él se quedó inmóvil. La sangre coagulada
en el pecho. ¿Este infeliz es lo que merezco?
La chica se sentó en la cama con un cigarrillo encendido y
le habló lo más dulce que pudo:
-Lavate y vamos.
La miró como un niño. Pero recordó la violencia
y cómo se le había parado.
-Nunca se te puso así -quiso decir.
Pero:
-Dale, andá a bañarte.
El dio unos pasitos inseguros hacia el baño, como si no supiera
caminar.
Cuando volvió aún tenía manchas de sangre.
El conserje les preguntó qué había pasado. Le
dijeron que un mareo y se cayeron al piso.
-Nada...
-Van a tener que esperar aquí mientras revisamos la habitación.
-No, no, estamos apurados.
Consiguieron salir.
-Tomemos un taxi.
-NO TENGO PLATA PARA TAXI.
Llegaron a la parada del colectivo. Esperaron un rato.
Un patrullero se detuvo al lado de ellos. Él le dijo que se
vaya (o ella?), cualquier cosa no me conocés. Los subieron
al patrullero.
-A ver si te entiendo, flaquito. ¿Vos decís que no conocés
a la mina y no estuvieron en el hotel de acá a la vuelta?
Los llevaron de vuelta al hotel. Los interrogaron. Él les dijo
que no la conocía y que no estuvo con ella en ese telo. ("Estaba
ella sola!", les quiso gritar. "Ella sola con otro").
Los canas se ríen, le dicen que van a hacerle un test a su
novia para saber si tuvo o no relaciones. ("Sí!"
"Sí!" "Haceseló"). Ella estaba llorando
continuamente.
Él se interpone. Eran como 12 cuervos azules de muerte. Mira
las pistolas. Agarra una y dice no se la llevarán. Los canas
se ríen. "¿Y ahora este quién es?"
"¿El heroe de la película?" Los canas la imaginaban
chupándola como loco para que no se vayan y se reían.
La arrastran a la habitación del test.
Pero ella les dice que su padre era el tipo que les vendía
las armas, les dá un nombre mágico y los dejan ir. Tuvieron
que firmar un pagaré haciéndose cargo de los daños.
El conserje le dijo al chico en voz baja:
-Si no estuvieses con ella, les pedía que te hicieran boleta.
Volvieron en colectivo. Al principio del trayecto en silencio. Ella
lloraba.
-Sos un hijo de puta...? Te hubiese gustado,...¿no?
-¿¿¿Qué???
-Por eso hiciste todo este kilombo. En el fondo te hubiese gustado
que me violaran, para masturbarte. Te hubiese gustado que todos esos
canas me violaran para gozar.
-Mi amor...basta....besémonos...
-¿Eso tenés en el corazón?
Debía hacer algo, debía decir algo...
Empezó a saltar en el asiento:
-¿Querés que empieze de nuevo, eh? ¿Querés
que empieze de nuevo? ¿Eh?
Entonces ella se sumergió en su mutismo, como si no gritar
fuese la venganza cuando la torturaban.
Debía hacer algo para no perderla.
Ella hacía sus propios movimientos hacia la casa como si él
no existiera.
La ayudó a encontrar las llaves:
-¿Me das un beso?
Ella lo empujó con violencia:
-Oime, soretito: no me llames más, ni intentes volver a verme,
olvidate de mí y hacé de cuenta que jamás estuve
en tu vida. ¿Entendés?
Él empezó a tirarse y a revolcarse por el suelo.
Se quedó solo.
Camina.
"Eso tenés en el corazón?", "se te para
mirando esa asquerosidad?", los espejos, la cana, la habitación
del telo. Todas las cosas de afuera retumbaban en su cabeza. Pero
consigue llegar a una zona parecida a un zumbido. En esa zona gris
se acurrucaba, como si estuviera encogido en posición fetal
en una habitación rota. Sin saber bien cómo se sumergió
en esa zona gris del zumbido.
Bajó la calle, la calle bajaba, siguió bajando hasta
las vías. Agarró unas botellas que rompió en
las paredes de una fábrica. Bajó hasta las vías
y se sentó en los durmientes. Se metió un puñado
de confites de vidrio en la boca. Sonrió. La sangre le bajaba
de la sonrisa.
1991