Por Marcelo Müller
Caracteriza a la poesía contemporánea la síntesis,
la brevedad es la virtud deseada. En pocas palabras, decir mucho.
Con lo mínimo decir rápido. Escasea el tiempo y el espacio.
Directo al grano. Llegar adelante y decir ocupando una décima
de segundo el escenario, levantar tímidamente la manito para
decir esta es mi obrita y hablar en puré semidigerido para
el idiota o el ama de casa. Tantas bibliotecas presionan para no sumar
folios al tedio. Influye tmb´n/ la velocidad, vivir más
vidas en menos tiempo, ni un minuto qué perder, en dónde
estará el tiempo ganado en la época del apuro, no es
un mueble que puedan admirar las generaciones que desperdiciaron sus
vidas corriendo, no lo tienen los bancos, en síntesis: se tarda
lo mismo en morir que en el siglo xix. Ya no se puede describir en
varias páginas la campiña, el arroyo, los molinos de
agua, los montoncitos de parvas, el color de pelo de los hijos de
los campesinos, basta decir campo para ver el asado, con la sobrecarga
de información imaginamos instantáneamente lo que hay
detrás del título, el frknstn del siglo xx. La palabra
sol incluye el calor, la sensación de placidez o de agobio,
el abanico de rayos que componen la luz, la piel tostada, tu bikini,
su atracción sobre caras, vegetales y planetas, su viaje inmóvil
de un año y si los lectores no ven nada detrás del sol
no es culpa de la síntesis. La manera de leer en el mundo de
las maravillas es como ver pasar un cartel de reojo viajando a más
de cien kilómetros por hora; descarta el gusto y la masticación,
tragamos para verificar que corresponde con lo que ya sabíamos.
Con un estilo simple y palabras fáciles se pueden describir
los casilleros del universo uno por uno, no es necesario el camino
ríspido, los corredores herméticos, el viaje es para
todos; como ya no sabemos leer se escribe para analfabetos. El poestia
no necesita mezclar lindamente, ya no es un cocinero jugando con las
especies, sólo busca una sola palabra. Y cuando la diga terminará
todo. Ya se han visto novelas de 30 páginas, una panorámica
a lo balzac se cocinó en 90 páginas. Los carteles pasan
a toda velocidad. También importa el aspecto visual -cada palabra
es un cine -y su disposición en la página. No sólo
dice, también parece, y puede exhibírsela como arte
gráfica. La influencia de los avances tecnológicos,
el cine, las maravillas, es imposible escribir como en la época
de la tracción a sangre, la velocidad de las conexiones supera
a la de nuestros nervios, la literatura titila y no es un impedimento
orgánico Incorpora los códigos de la nueva tecnología,
el lenguaje de los fichines, cuánta novela enorme se basó
en el argumento del tetris. La fábula de la tecnología
sobrenatural nos convenció de que vivimos en la mejor época
del mundo, es impensable vivir sin televisor, me hubiera gustado nacer
cuando aún teníamos la espalda torcida o varios siglos
después de que termine la humillación continua a lo
poco bueno de esta especie. /Todavía padecemos la resaca del
siglo xix./ La síntesis evita la soberbia y el fascismo de
la obra monumental, el rasgo común es la humildad de la obrita
sólo aspira a los rincones escondidos de los ojos de todos,
escriben en el papel de los caramelos. Resumiendo, decir lo que se
puede. Hay que buscar lo que diga todo lo que quisimos decir, el antídoto
de la creación. ¿el tiempo era malo o lo peor es que
fue asesinado? viruelas sueltas aquí y allá. anotaciones
en libretitas. la letra pequeña. El poeta rdce las líneas.
Busca a las células mínimas para decir todo, ya no es
un cocinero. El trabajo se hace afuera de la página, en su
cabeza un desfile día y noche, letras fluorescentes sobre un
fondo oscuro, una palabra lleva a la otra, como si combinase líneas
para ir de un barrio a otro, la piedra lleva a la montaña y
si levanta un poco la vista pasan las nubes y estas lo llevan al barrio
acuático, es un tráfico continuo de verbos de neón.
Con los poemas de pocos versos para decir lo imposible. Llega al frente
y arroja su bomba al público enseguida. Pero incluso estos
poemitas gotean soberbia. Inventa la poesía de cuatro palabras,
para leer de pasada antes de ser asesinado, excluye la sintaxis del
papel, la conexión entre las ideas sólo está
sugerida muy débilmente, muchas veces le preguntan. Luego reducirá
la tinta con un poco de agua, grisados al 10 %, algo que no se lea.
Un poco más abajo usará lapiceras gastadas que sólo
lastimen superficialmente al papel, las frases serán incompletas
y las redondea el criterio del lector. Su búsqueda concluye
que sólo necesita una palabra. Escribe a máquina en
hoja oficio la palabra AMOR y la expone, la exhibición incluye
lo escrito en el pasado y a todas las historias de amor que vivirá
el lector en el futuro, su libertad es absoluta, no lo subestima con
largas instrucciones a su imaginación. Debajo de AMOR pone
su huella digital o la sonrisita y ese es el estilo, las despedidas
y los finales felices enfocados desde su huellita. Antes que él
varios escritores empacharon la memoria de la humanidad con frasecitas;
si no hubiese desperdiciado su vida inventándolos. Después
se interesa solamente por las letras y explora el cemento invisible
que las une. Escribe hermosas elles, tarda varios años en pintar
una u, es el mejor poeta del mundo escribiendo la r. Experimenta con
tinta invisible. Un poco más arriba publica novelas con siglas,
abreviaturas, signos de puntuación, nadie llegó tan
lejos con la diérecis; la interpretación del argumento,
de cada línea y de cada palabra librada al gusto del público
y lo que la gente imagina es horrible. Tampoco ignora los puntos de
la trama que componen la letra impresa, el estudio de las diferentes
texturas de las tintas, de acuerdo a su país de origen, concibe
una e con tintas de varias latitudes. El final del camino es la hoja
en blanco. Trabaja sólo con el papel y se convierte en un loco
por los árboles. Ya no escribe más. Espera y un trabajo
arduo para que se atrofie su capacidad de expresión, la meta
es anular su habilidad con las palabras, las esquiva como si fueran
fuego lanzado a su cabeza, huye de cualquier bloque con una arquitectura
lógica. Está muy cerca de la cumbre de su obra. Decide
que debe desaparecer el poeta. Lee los avisos clasificados del diario.
Se hace empleado administrativo. Usa un traje malo y deprimente. Habla
de fútbol, a la salida va al bar con los muchachos. Después
concluye que también debe eliminar los pensamientos poéticos.
Antes de cualquier tufo lírico corre hacia lo insípido.
Solamente tiene que inclinar su cabeza sobre los números, los
balances, los remitos, las facturas, las órdenes de compra,
recuenta la caja chica para combatir a las luciérnagas, atender
el teléfono, escuchar la rutina, hablar de los programas de
televisión, nunca estirar el cuello sobre la línea de
lo común, se mantiene en lo ordinario. Se emociona con las
noticias. Tiene que casarse con un gorda y decir pasame la sal, comamos
ravioles. Tiene que llegar la tarde que salga temprano de la oficina,
que levante la cabeza, que mire el sol y que detrás del sol
no vea nada. Y su obra será perfecta. Se inclina sobre las
planillas, la cuenta, el balance, la tesorería, las compras,
las cifras, la liquidación de sueldos...