Por Marcelo Müller
Quizás algún ejemplar llegue sano al futuro, quizás
algún número agüante 80 años sin que la
tinta se vuele del papel, antes de que esto se desintegre, tal vez
en 80 años aún seamos legibles (por lo menos, todos
los números de la Fiera están guardados en la Biblioteca
Nacional, y ahí algunas cosas son microfilmadas, así
que posiblemente en el próximo siglo puedan leer estas revistas
y enterarse de cómo vivíamos) y si en este momento están
ahí, leyéndonos, escuchen: todos estos que están
ahora aquí son unos hijos de puta. Alfnsn, Mnm, Dlr, Dlhd,
son hermanos de chiquero, ningún caballo blanco de San Martín,
ningún silloncito de Rivadavia. Han robado, mentido, traficado,
violan las leyes que inventan. Después del genocidio ellos
se presentaron como la luz. Llegaron a robar cuando robar equivalía
a los hornos para la extinción de un pueblo. Una cucaracha
tiene más ética que estos hijos de puta. Ni siquiera
merecen llamarse ladrones. Un ladrón se enfrenta con un revolvito
al mundo. Estos tienen a la ley y las instituciones respaldándolos
para robar, matar, violar, etc. El mundo respalda su rapiña.
Espero que allá, en este momento, sus nombres sean polvo. Ni
siquiera valen la tinta de mis puteadas. Maldigo a sus padres, maldigo
a su cría, maldigo la carne que los llevará hasta el
último de sus días. Son administradores del dolor, embajadores
de la infelicidad. Espero que esto llegue a sus ojos. Que por una
vez la historia la escriban los perdedores.