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Avenida Rivadavia

 

De Marcelo Müller.

Recital de Dancing Mood en el Teatro de Flores (Rivadavia al 7000) en diciembre para despedir el año. El lugar está colmado, hay unas 200 o no sé cuántas personas y flota una atmósfera muy rica. El público de los recitales de reggae fuma de una manera más natural y les pega mejor. He visto a idiotas que fumaban para ir a pegarse. Dacing Mood es una agrupación predominantemente instrumental y hay una preeminencia de la sección de vientos.  Hacen cobres y todo lo filtran por el reggae. Tienen una versión de un tema de Charly Parker que está buenísima. Aparecen algunos cantantes invitados para las cosas que necesitan voz. Creo que está la de las Black and Blues. Después viene un trompetista que debe ser el maestro de alguien. El líder de la banda también es un trompetista que está bastante bien encaminado por el camino del pájaro. Dancing Mood es un buen medicamento para generar alegría. Por ahí debe andar el espíritu del muerto que vi cuando llegaba. En la entrada, enfrente del lugar, en el medio de la avenida, estaba el cadáver de un chico que fue atropellado a pocos minutos de llegar. La gente miraba al muerto como hipnotizada. Con ojos muy raros. No sé si había tristeza por una vida de veinte años interrumpida o si había placer, si se estaban regocijando, si gozaban. No sé si los habitantes de esa parte de Flores se acercaban a ese arroyo que
traía cuerpos para alimentarse con la muerte,
pero me daba tanto rechazo mirar un cadáver como esos ojos. A esa altura en Rivadavia se produce un efecto extraño. Es muy difícil ver a los autos que vienen. A pesar de que no hay curvas ni lomas, de pronto los autos están encima. Y vienen jugando picadas, con las venas llenas de alcohol, la droga permitida. Se produce una cosa rara, como de magia puta. Quizás Rivadavia a esa altura fue diseñada con ese propósito, hacer invisible al peligro que se te viene encima, con la complicidad de los comedores de muerte. Fueron varias veces que vi ocurrir lo mismo a esa altura de la avenida, incluso en este espacio iba una nota de una comedia o del Cartero pero ayer a la noche volví a ver exactamente la misma mierda, con la salvedad de que esta vez la avenida se llevó a tres de un solo golpe. Crucé Rivadavia con un pequeño tembleque, como si caminara por la espalda de un monstruo, y me metí rapidamente en el teatro. No me gusta mirar esas cosas  y tampoco me gustan esas caras. Además no quería que el espíritu me acompañara. Ya estoy un poco cansado de tener el espantoso privilegio de ver "la vendimia de la calle".