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El Presidente Pederasta
(Documento Exclusivo Para La F)

 

 

Anonimo

Algo furtivo llegó a la redacción como escondiéndose, estuvo unos pocos minutos transpirando y mirando para todos lados, entregó un sobre y salió corriendo. Esto es lo que había:

Cuando era chico, el menem que está ahora vivía enfrente de mi casa. Yo trataba de subir lo más rapidamente posible. Pero él infiltraba una pezuña en el ascensor. Me miraba. Se tiraba peditos con la boca. Abría la puerta entre pisos. Y me violaba.
Cada vez que llegaba a casa, el futuro pederasta de la nación me garchaba. En lugar de inventar leyes en el congreso, me parece que vigilaba mi ruta. Le avisaban por radio cuando estaba por llegar, y venía corriendo como un loco. Acariciaba mi frente. Me preguntaba si quería ser emperador como él. Levantaba mi guardapolvito. Y me rebentaba el culo, bombeaba hasta hacerme sangrar.
No es que yo fuese tan chico para no saber que me estaba cogiendo, tenía diez años. Tampoco me gustaba. Era una situación bastante insoportable llegar a casa los mediodías y ser violado por el asqueroso, con su olor a prócer y la boquita.
Les conté a mis padres lo que pasaba. Que el futuro pedófilo me garchaba en el ascensor.
Mi madre tirada en el piso llorando. Mi padre me dio varias cachetadas. Nuevamente se arrepintieron de haberme parido. Maleducado de mierda, dijeron, insultar a un senador nacional. Mi madre le pidió perdón a la virgen de rodillas. Luego me llevaron de los pelos a lo del futuro menem.
Me obligaron a pedir disculpas. El político pederasta movía la cabeza como un dios magnánimo, capaz de comprenderlo todo. Me acarició la nuca y dijo:
-qué linda la imaginación de los niños.
Luego me llevaron con una cadena de vuelta a la jaula.
Durante varios años, para borrar el agravio, mamá le limpiaba gratis la casa y papá hacía arreglos de cañería. También invitaban a sus hijos a jugar conmigo y le regalaban mis juguetes.
Invariablemente el político pederasta me violaba cuando volvía del colegio. Paraba el ascensor, me garchaba y yo gritaba a tal volumen que el país podía conocer las costumbres de sus dirigentes. Mis padres preguntaron si otra vez estuve fingiendo que el ilustre pederasta me la había metido por el culo. Les contesté que solamente tuve un calambre.
Cuando el futuro presidente fue presidente, yo era un hombre, casi un hombre, y estaba meando en el baño de una discotheque y miré hacia un costado y, a quién vi, a su hijo meando a dos mingitorios. Nadie nunca imaginó que pudiese ganar las elecciones. Fue asombroso que semejante forro ganara. Cualquiera puede ser presidente; vos también, sin salir mucho de tu casa, podés ser elegido. La sensación es que hay un grupo de viejos hijos de puta escondidos en la cima del mundo y ellos deciden quiénes irán a la cabeza de sus paises. Quiénes serán las caras dónde la gente descargue su odio y el ataque de su inconciencia. Ya había olvidado las escenas del ascensor pero cuando dieron los resultados de las elecciones sentí que de nuevo me habían garchado. También teníamos un presidente violador de niños. Ahora meaba en el baño de una discoteca gay y el hijo del pederasta me miró con la misma boquita inmunda de su padre. Inmediatamente pensé en la venganza. El hijo del excelentísimo pedófilo de la nación se interesó por mi chorro. Supuse que le atraía el niño que aún habitaba en mí. Y pensé: ahora es mi turno de romper el culo de su hijo. Fuimos de la manito hacia el cagadero. Arrodillado sobre los condones y los papeles, el hijo del presidente estaba chupándomela. Por fin tantos años de humillaciones saldados. De pronto puto jr me dio vuelta, me levantó la minifalda, me quitó las ligas, me bajó la bombachita y me la metió. Igual que su padre se limpió con mi pollera, subió el cierre y se fue, como si no hubiera pasado nada. Nada.