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LA FABULA TECNOLÓGICA

 

 

Por Marcelo Müller


Me proyecté al planeta de hielo para ver qué grado de estupidez habían alcanzado. Tenían polvos de felicidad instantanea, emparchadores atmosféricos, teletransportadores, pantallas de cristal móvil que devolvían la imagen idéntica. de todo.
-Me gustaría un fuego para calentarme las manos.
Dijeron que tenían pomadas de calor para frotarme las manos. Tambien había un calor inteligente que buscaba las zonas frías. Me preguntaron qué era el fuego y para qué sirve.
-Es algo que se mueve y cambia, uno puede mirarlo y soñar.
Me hablaron de imágenes caleidoscopio que cambiaban de acuerdo a las combinaciones de alguna ley de posibilidades.
-Me gustaría un viejo y querido fuego. ¿Alguno de uds sabe cómo se hace?
Justo ahí hubo un problemita y todas las máquinas quedaron mudas como esqueletos de la prehistoria.
mientras caminaba hacia el punto dónde caería el rayo que me devolvería a mi casa, pensé que tal vez el desperfecto fuera permanente.


TELE TELE
cuando permitieron el uso privado de los teletransportadores, todos tuvieron uno en su casa. Los pobres los locos los magnates los asesinos los enamorados se proyectaban al trabajo, a la casa de los amigos, los rayos cortaban el techo de la ciudad, terminaban en alguna pared como un chorro de partículas. A las proyecciones no las regulaban, elegían libremente sus trayectorias. En pocos meses hubo superpoblación de personas en el cielo. Llevó a que algunos rayos se rozaran. las moléculas de un viaje se mezclaban con la del otro. Al materializarse ya nadie sabía quién era. Con una pequeña intersección, a un pedazo personal se lo llevaba la inercia de un extraño. Viajar era perder una buena porción del ser, dependiendo de la cantidad de choques que ofreciese el camino. La razón del viaje era la esperanza de que uno se juntara durante el trayecto. Pero ¿cómo reconocer el rayo que se llevó la mitad de sus cosas, cómo adivinar en qué dirección desaparecieron las experiencias, adónde iba uno antes de perderse? La gente de un barrio tenía cosas de los habitantes del polo antagónico de la ciudad, alguien que no habían visto nunca o que no conocerían a menos que, algún día inmóviles, miraran profundamente en sí mismos. Uno llevaba una multitud de extraños, uno sobrevivía en partículas eternamente divisibles. Aterrizar era correr a encender la máquina, aunque ya nadie recordara el sentido del viaje en la luz. Así vivieron viajando sin depender más de lo físico, cambiando continuamente, buscando el ser original, algo que apenas recordaban, perdido completamente, si antes alguna vez pensaron en eso. pero la comunidad incorporea seguiría intentándolo. a los que nunca les interesó el tema caminaban intactos debajo de telarañas amarillas, como si tuvieran las cabezas vendadas por luces. a la distancia la ciudad parecía empaquetada con piolines luminosos como un regalo.

yo o todos los que no conozco


LA FABULA TECNOLOGICA-LA BABA ELECTRomagnética

"Si pudiera volver atrás con todo lo que sé ahora, si tuviera de nuevo 6, 10 o 14, y hacer todo de nuevo con la panorámica de ahora, si pudiera volver a los puntos dónde giré mal y doblar en la dirección contraria, tomar la dirección correcta", pensaba mientras terminaba de ajustar los últimos tornillos de su máquina del tiempo. Apretó el aro alrededor de su cabeza, ajustó los controles y encendió la máquina. La señal eléctrica desintegró la mayor parte de su tejido nervioso. La maestra de segundo grado estaba preguntándole cuánto daba 2 más 2. El niño miró a la mujer porque sintió que a él le estaba hablando; abrió la boca y lo único que salió fueron algunos litros de baba, con cierto contenido electromagnético.

LA FAB TEC 4

Ya no había nada sólido. La comunidad incorporea se comunicaba todo el tiempo. Hablar los mantenía juntos en el espacio, las continuas transmisiones los hacían visibles. No había más tierra, no había ningún perfil geográfico. El constante ir y venir de las lineas de diálogo formaron un ovillo de lana, hilo sobre hilo, como un rollo de alambre de púa alrededor de lo que fue un planeta. Aceptaban la imposibilidad del silencio si deseaban no desaparecer. Si había un poco de luz era por el calor del mensaje. Si se pudiera desenrrollar el ovillo no habría nada, como en cualquier ovillo, y los hilos se esfumarían entre tus dedos. Una pausa de asombro significaba un apocalipsis en voz baja como si nunca hubieran existido. Además de palabras
-si aún traficaban palabras -circulaban formas, dibujos, sensaciones, profecías, números, signos, códigos, troquelados, ideas en estado puro. Ya no había personas. Cada voz sumaba a la música continua y no interesaba la procedencia de un dibujito o código troquelado. Cada boca sólo aportaba más ruido. Al telar cayó la impresión de que ya no había emisores (/transmisores) particulares. Pero cada dos siglos aparecía la voz de alguien que llamaba la atención por algo. su manera de decir provocaba una pausa de asombro, la atención anónima se fija en el punto del ovillo dónde transmiten la rareza. Facilmente ubicable porque a su alrededor se formaba una zona de silencio esbozando la circunferencia del oh. Admiraban su modo, su idea y su música. Durante un lapso a esa voz sobrevalorada pensaban en ponerle un nombre. El genio duraba 45 segundos. La unión debía mantenerse firme. Imaginen que solamente gracias a la conversa existían en el espacio. Decir, hablar, oir, procesar, imaginar, dibujar. En un momento pensaron para qué seguir en el universo físico, en vez de murmurar todo el tiempo dedicarse a soñar, a ver o a nada. Había que hablar mucho para no caer a la órbita de la nada o el vacío, era una manera de avanzar y seguir estando. Murmuraban todo el tiempo para no descarrilar a la órbita del desastre o la incineración. tenían que seguir hablando para seguir para adelante.

LA FAB TEC 4

Desde un huequito abajo de la pantalla espiaban la reacción del público. Probaba un drama, sus chistes y los iba cambiando de acuerdo a la caras, un ojo en la pantalla y un ojo en el público, iba modificándolos durante la función. Si veía desagrado tachaba y aparecía algún paisaje agradable o un diálogo bonito, giraba perillas y hacía diferentes combinaciones de actores de acuerdo a las bocas abiertas. En realidad, a la larga, las películas eran del público, ellos reclamaban las escenas y los actores con sus lágrimas, suspiros y parpadeos. La pregunta era por qué no se quedaban en sus casas mirando una pared vacía, ahorraban intermediarios y ahí proyectaban sus propias películas. Quizás solos no se les ocurría nada. Necesitaban el estímulo previo.


LA FABULA TECNO

Esta revista fue pensada para que la gente se suicide. Partió de un ideal, colaborar en la medida de lo posible con la desaparición de la raza humana. Hubo una serie de reuniones y se planteó la necesidad de dirigir a los lectores a un pozo de desesperación tan feo que el suicidio sea la salida más alegre y esperanzada. Uno o dos, no importa cuántos podíamos agregar a la consecución del gran objetivo. Seleccionando escenitas de la enfermedad contemporanea, las fotos del final del capitalismo salvaje, hacer sentir al lector biológicamente unido a esa amable descomposición del espanto. En pocas palabras siempre repetíamos que nadie estaba afuera de la carrera de ratas del beneficio, nadie puede escapar de su ego, nadie es capaz del mínimo movimiento si no es a favor del interés propio. Contábamos lo malo que había sido el pasado, lo espantoso del presente y lo aterrorizador que será el futuro como sugiriéndole al lector que busque la manera indolora y recomendada por su médico de pasar a mejor vida. Durante años nos abocamos enteramente a difundir dos ideas: quién dijo que el hombre es la mejor especie de este planeta, quién los convenció de que la inteligencia es un atributo tan importante (KV, p202, Ed sn.); de dónde salió la certeza de que la vida es el bien más valioso del universo, de que vida equivale a bien, si es dañina, es capaz de cualquier cosa con tal de sobrevivir, aplasta cualquier cabeza por un buen sitio bajo el sol. Dificilmente los directores conozcan la línea profunda de esta revista. En una época, si recuerdan, circulaban notas sobre masacres y los medios se horrorizaban antes las nuevas voces que se levantaban apoyando la eutanasia de la especie. Imperceptiblemente cambiaron la indignación por la fascinación, nunca se distinguió si estaban escribiendo a favor o en contra de la muerte masiva. Los editoriales violentos rotaban entre las diferentes publicaciones y diarios del país como si fueran un parásito de las imprentas, un texto fantasma latiendo en las planchas, y parecían escritas por la misma cabeza. Cómo convertir a este planeta en una piedra inerte historias instrucciones, Lo que decía cada número es EXTERMINIO AHORA. En letras enormes, que lastimaban lo más frágil del espíritu, imprimimos "maten a la rata, maten a la rata" con tinta tóxica. Con un breve contacto de las lineas con tus ojos y sus visiones enfermaban. En pocos años el interior se les derrumbaba. Pronostico que vas a morir dentro de poco. El daño ya está hecho. Difundimos direcciones electrónicas para juntar a los simpatizantes de la gran obra, gracias a las notas sobre literatura subliminal habíamos explicado el modo de ubicar las instrucciones entre la maraña de textos y desperdigamos las direcciones a todo lo largo de las páginas del continente. Abrieron cuentas secretas en lugares seguros y los fondos fueron llegando. En este momento estamos viajando hacia el supremo objetivo. Puede ser hoy, puede ser mañana, puede ser una luz que oscurezca el polvo de la humanidad y su obra, puede ser un vidrio que se rompa en el interior de cada uno de nosotros y que ya nadie quiera ver de nuevo al sol. Esperen, esperen, ¿llegará el próximo segundo?
Este es el manantial madre de la peste. Ni siquiera el plantel profundo sabe quién me escribió. Ahora puede ser la última oportunidad de encontrar estas palabras. Quizás escriben tus ojos. Si usted vuelve a leer atentamente no encontrará lo que había imaginado. ¿Vos qué leiste? Los editores no son responsables del contenido. Por eso creo necesario denunciar ahora